domingo, 16 de noviembre de 2008

CAPÍTULO 12: La lechuza

A pesar de que los días iban pasando, en la mente de la bruja solo había un pensamiento “La carta”. Aquellas letras de su madre se habían clavado en lo más hondo de su cabeza, atormentándola en cada momento de silencio, en cada instante de soledad.

-Señorita Prewett- la voz de la profesora McGonagall la devolvió una vez más a tierra, a su clase de Transformaciones. Sabía que no podía andar distraída, que los TIMO estaban a unos pocos meses de distancia y que debía pasarlos si quería ser… -. Quiero verla en mi despacho después de clase.

-Sí, profesora McGonagall- asintió, emitiendo un cansado suspiro. Ya Snape le había impuesto un castigo la semana anterior por estar despistada. Y ahora seguro que McGonagall le ponía otro “Bravo, Divi” se dijo para sí misma, emitiendo un largo suspiro “Seguro que así mamá se sentiría muy orgullosa de ti”.

-¿Estás bien, Divi?- preguntó en un susurro Ytzria, cogiendo la mano de su amiga con cuidado. La notaba muco más callada de lo que era normal en ella, y no podía evitar preocuparse. Además se había prometido que ella misma cuidaría de su amiga ahora que la necesitaba.

-Sí, Ytz, no te preocupes- contestó la Black, apretando cálidamente la mano de su compañera -. Solo estaba un poco despistada.

La clase pasó mucho más rápida de lo que pensaba. Todos los alumnos, incluida Ytzria, recogieron sus cosas, dispuestos a ir a los invernaderos para dar una constructiva clase de herbología. Divinity, sin embargo, se echó la mochila al hombro y esperó a que saliera la profesora McGonagall para salir ella detrás.

Los pasillos de la escuela estaban plagados de vida, mucho más animado de lo que era normal gracias a la asistencia de los alumnos de Beauxbatons y Dumstrang. La piedra aún conservaba el frío del exterior y sin embargo, la sensación térmica no era tan dura como en los jardines, donde la nieve aún cubría los vastos terrenos de la escuela. La luz del sol, que se colaba por entre las nubes, dibujaba formas y colores en el suelo gracias a las cristaleras de los pasillos, todas ellas tan animadas y vivas como las fotos.

-Pase, señorita Prewett- dijo la profesora mientras se deshacía de su gorro, dejándolo colgado en un sencillo perchero de madera de ébano colocado a un lado de la puerta de su despacho. Era la primera vez que Divinity entraba allí. Al ser de Slytherin, le correspondían las charlas y las regañinas con su Jefe de casa, el profesor Snape.

-Gracias- pasó al interior, con tranquilidad, paseando la mirada a su alrededor. El despacho era bastante más espacioso que el de Snape y la sensación de agobio era casi inexistente. Las paredes estaban todas llenas de estanterías con diversos libros, tanto ediciones actuales como algunas ya tan antiguas que posiblemente ni ella habría comprado. En el centro una mesa, perfectamente ordenada, con una montaña de pergaminos a un lado, un tintero con su pluma y unos cuantos porta-fotos.

La muchacha tomó asiento frente a la subdirectora cuando ésta lo hizo en su silla. Se recolocó las lentes ligeramente con uno de sus dedos y, para sorpresa de la muchacha, su rostro estaba tan relajado que hasta podría decir que leía la lástima y la compasión en su mirada.

-¿Qué ocurre, Prewett?- preguntó, cruzando las manos sobre la mesa mientras sus castaños ojos buscaban los claros de la muchacha, como si en ellos pudiera encontrar mejor la respuesta que en las propias palabras de su alumna –Desde que regresó de sus vacaciones de Navidad está mucho más ausente en mis clases.

-Lo siento, profesora McGonagall- murmuró la muchacha, inclinando la cabeza avergonzada, sin alzar la mirada de sus zapatos -. Le prometo que la próxima vez…

-No, Prewett- sonrió la mujer ligeramente, alargando la mano para tomar de la barbilla a la chiquilla y levantarle la cabeza, buscando el contacto visual -. Esto no es una regañina, al contrario- los ojos de ambas de encontraron enseguida y, sin saber por qué, Divi se sintió mucho más tranquila. En realidad siempre había envidiado a sus primos por tenerla a ella de Jefa de casa y tutora… Snape nunca le había inspirado confianza, ni siquiera sentía afecto por él, más bien rechazo -. Verá, señorita Prewett, comprendo perfectamente su situación y sé que no es un buen momento para usted- con cuidado, Minerva se levantó de su asiento, alisándose con sus manos su larga túnica color esmeralda mientras caminaba hacia una de las estanterías, cogiendo de ella una pequeña carpeta.

-No, la verdad es que no es un buen momento- afirmó la muchacha, volviendo a mirar hacia la mesa –Pero llorar no va a solucionar nada ¿Verdad?

-Llorar desahoga, no lo olvide. Si nos guardamos todo para dentro, acabará afectando a nuestra salud- nuevamente tomó asiento en su silla, depositando la carpeta sobre la mesa y abriéndola con cuidado -. Sé que esta no es la manera de proceder de la escuela, pero he decidido yo misma ser la encargada de guiarla en su futuro académico- Divinity alzó la mirada de golpe, sorprendida, mirando hacia la profesora… ¿Iban a cambiarla de casa? No era posible… -Como sabrá, éste año debe pasar los TIMO y dependiendo de lo que quiera hacer en un futuro deberá aprobar unas asignaturas determinadas ¿Verdad?

-Sí…- suspiró la muchacha. Había sido un pensamiento demasiado bonito para ser verdad ¿Cómo iban a cambiarla de casa por algo así?

-Bien, pues desde ahora y hasta la realización de los TIMO yo seré la encargada de guiarla en todo lo que necesite- sonrió amablemente, cogiendo la pluma con su mano derecha y mojando la punta en el interior del tintero, dejando caer las gotitas sobrantes antes de comenzar a escribir en un pergamino en blanco -¿Ha pensado ya qué es lo que le gustaría hacer en un futuro?

-Pues…- lo había decidido hacía tanto tiempo que ni se acordaba. Charlie le había contagiado aquel amor hacia las criaturas mágicas y siempre se había visto cuidando de ellas, viajando por el mundo para conocerlas a todas. Sin embargo… -Creo que todo lo que ha ocurrido me ha hecho cambiar de opinión respecto a mi futuro, profesora.

-¿A qué se refiere con eso?- preguntó tranquilamente, alzando la cabeza para observar a su alumna a través de las gafitas que permanecían colocadas sobre su nariz.

-Quería dedicarme al Cuidado de Criaturas Mágicas… Trabajar con ellas o incluso dar clase como el profesor Hagrid- afirmó mirándose las manos, las cuales enredaba nerviosamente sobre sus piernas –Sin embargo ahora lo veo como un sueño infantil, como uno de esos deseos que tienen los niños pequeños. Este año me he dado cuenta de que la vida es más cruel de lo que podía imaginar y que, si no hago las cosas por mí misma, nadie las hará por mi- alzó la mirada, encontrándose nuevamente con la de la profesora, que asintió a sus palabras, en silencio, dejándola terminar. Quizá fuera esa la manera que tenía de desahogarse -. Profesora, me gustaría encaminar mi carrera a luchar contra las Artes Oscuras.

-Quiere ser auror ¿verdad?- preguntó, dibujándose en sus labios una tranquila sonrisa de comprensión. Divinity asintió firmemente, sin cambiar su expresión… Estaba decidida –La semana que viene le traeré unos folletos informativos acerca de la carrera que desea emprender una vez acabe Hogwarts. Espero que sepa que ser auror requiere no solo fuerza mágica, sino que se necesita tener siempre alerta los cinco sentidos, tener reflejos, ser rápida,…

-Lo sé, profesora- contestó, sonriendo ligeramente de medio lado -. Daré lo mejor de mí misma… Entrenaré mi cuerpo y mi mente para ello cuanto sea necesario. Pero quiero ser auror.

-¿Me permite la osadía de preguntarle por qué, señorita Prewett?- preguntó McGonagall, reclinándose ligeramente hacia delante para mirarla con curiosidad.

-Porque no quiero que otros pasen por lo que yo estoy pasando- contestó, agachando nuevamente la mirada, casi azorada -. Y porque no quiero dejarles como herencia a mis hijos un mundo lleno de guerras- aquello arrancó una pequeña risa de boca de la profesora McGonagall, que alargó la mano para coger una de las de la bruja.

-¿Tan joven y pensando en hijos, señorita?

-Bueno es que…- su sonrojo se hizo más que notable en sus mejillas, que se calentaron de sobremanera –Mi madre siempre decía que, ante todo, debía pensar en lo que quería dejar en el futuro, que hiciera lo posible por cambiar aquello que no me gusta para que mis hijos no tengan que sufrir lo que yo sufro. Creo que ahora la comprendo mejor que nunca y por ello me gustaría hacer realidad sus deseos.

No tardó mucho en llegar el final del mes de Enero y el comienzo de Febrero. Todo Hogwarts se había enterado de la procedencia de la bruja y los Slytherin, con tal de intentar molestarla, ya no utilizaban su apellido al llamarla, sino que la llamaban “Black” o incluso “La bastarda” con tal de reírse de ella.

Pero Divinity no tenía tiempo para sus niñerías… Dedicaba su tiempo a intentar estudiar para los TIMO e incluso se había comenzado a interesar por las pociones, algo que había hecho que la bruja pasara algo más de tiempo, de vez en cuando, encerrada con marcus en el aula de pociones o incluso por los terrenos en busca de algunas plantas.

Sin embargo todos llevaban mucho tiempo esperando un día en concreto: el cumpleaños de Ytzria. Iba a ser su décimo sexto cumpleaños y, aunque les tocaba celebrarlo dentro de la escuela, los tres amigos ya tenían su regalo preparado. Y no solo eso, sino que con la ayuda del ingenio de los gemelos y su buena relación con los elfos domésticos de las cocinas, le tenían preparado un pequeño banquete de cumpleaños.

-¿Pero dónde me llevas?- preguntó Ytzria, hinchando graciosamente los mofletillos mientras mantenía los brazos colocados hacia delante para no chocarse con nada. George le había tapado los ojos y no se fiaba mucho de él.

-Ya te lo dije, es una sorpresa- contestó nuevamente el pelirrojo, entre risas, agarrando a su amiga por los hombros y empujándola ligeramente para que continuara andando. Ytzria se mantenía en tensión mientras caminaban, con las manos tanteando el aire, como si pudiera encontrar delante suya algo con lo que toparse.

De repente, sus manos agarraron algo… El tacto era suave como de lycra… continuó rozando, como reconociendo aquello… Eran formas curvadas, sutiles. Ladeó ligeramente la cabeza y frunció ligeramente el ceño.

-No es por quitarte la diversión, pero Ytzria, este tipo de relaciones no son de mi gusto- Enseguida los gemelos y Divinity se echaron a reír a carcajadas mientras Ytzria se llevaba las manos al pañuelo para quitárselo. Allí delante estaba su amiga, con los brazos en jarras, vestida con unos vaqueros anchos y, tal y como su tacto le había dicho, una camiseta de lycra de color negro.

-¡Lo siento! ¡Lo siento!- se disculpó una y otra vez, con los ojitos cerrados y completamente roja por la vergüenza.

-Vamos, no ha sido nada- la tranquilizó su amiga, posando ambas manos sobre sus hombros, con ternura -. Creo que George te dirigió directamente a mí precisamente para ponerte en un aprieto.

-Quería ver su cara, lo siento- rió el pelirrojo mientras Fred se acercaba a su hermano, dándole una buena colleja.

-¿No sabes que eso no se le hace a una dama?- replicó mientras George se llevaba la mano a la nuca, hinchando los mofletes como un crío chico. El tono en el que Fred había regañado a su hermano, hizo que las dos amigas se echaran a reír, quitándole peso al asunto para que Ytzria no se sintiera tan cohibida.

Cuando Ytz se quiso dar cuenta, estaban en una de las aulas abandonadas de la escuela, la cual habían adornado con guirnaldas de papel y un cartelito luminoso donde se podía leer “Feliz cumpleaños”. En tres mesas juntas, habían colocado pastelillos y jarras de jugo de calabaza que los elfos habían preparado para ellos, hasta con una pequeña tartita de chocolate y nata con sus correspondientes 16 velitas. Y en una mesita aparte, unos cuantos regalos, todos envueltos con papeles brillantes y grandes lazadas. Pero de entre ellos había uno que destacaba, el más grande, del cual provenían incluso algunos soniditos extraños.

-Venga, ábrelos- la instó su amiga, empujándola un poquito con las manos hacia la mesa de los regalos -. Hay un regalo de cada uno.

-Y uno de nuestra madre- dijeron los gemelos a la vez, pasándose los brazos por sobre los hombros y adoptando una postura chulesca y despreocupada.

-Mu… muchas gracias- murmuró Ytzria, casi al borde del llanto. Ese tipo de acciones siempre habían hecho que se emocionara ¡Se habían acordado de su cumpleaños!

-Sabes que no hay que darlas, princesa- dijo Fred, guiñándole el ojo -. Venga, abre el mío primero.

-¡Y una leche! El primero que va a abrir será el mío- se quejó George, mirando de reojo a su hermano, el cuál se soltó de él, girándose para mirarle.

-¿Por qué el tuyo? ¡El mío es mejor!- se quejó ahora Fred. Los dos hermanos habían comenzando una tonta discusión, dándose empujoncitos el uno al otro, frunciendo sus ceños de manera cómica. Divi, como ya les conocía, aprovechó para coger su regalo y tendérselo con una sonrisa.

-Deja que se arreglen ellos, abre mi regalo- sonrió. Ytzria, que estaba preocupada por la pelea de sus dos amigos, se giró al oír a su amiga, sonriendo ampliamente y con las manos alargadas hacia ella. Cogió el paquete, envuelto con papel de regalo de un fuerte color fucsia, con un bonito lazo rosa. Con cuidado de no romper el papel, comenzó a abrirlo, lentamente.

-¡Eso no es justo!- exclamaron los dos hermanos al ver que Divi se les había adelantado, colocando los brazos en jarras y reclinándose hacia ella ligeramente.

-Se siente, chicos, no haberos puesto a pelear- rió, mirando hacia su amiga que, del interior del paquete, sacó un libro bastante antiguo , forrado en piel, pero con las páginas de pergamino aún en perfecto estado. En letras bordadas de color esmeralda podía leerse en la portada “El gran diccionario de plantas mágicas y sus aplicaciones”. Ytzria lo miró embobada, con los ojos abiertos como platos -. Era de mi padre. Sé que siempre que venías a casa te gustaba ojearlo con él, así que he pensado que sería un buen regalo- sonrió, señalando hacia el libro -.Dentro hay otra cosita- Ytzria se apresuró a abrir el libro sacando del interior, más sorprendida aún, una pequeña pulsera de oro, finita, con un montón de pequeñas snitch colgando.

-Es… es… ¡Me encanta!- corrió a abrazarse a su amiga, conteniendo las lágrimas que, como siempre, amenazaban con salir. Divi la acogió con cuidado entre sus brazos, acariciando su espalda con toda su mano.

-Ya, ya, no llores Ytz- intentó calmarla, besando su mejilla con cariño -. Yo con que aceptes el regalo y te sientas feliz, me doy por satisfecha.

El siguiente en abrir fue el de George, quien le había regalado un conjunto de gorro, bufanda y guantes de lana para el invierno. Siempre que Ytzria salía a la calle, se quejaba de que había mucho frío y siempre se ponía un conjunto parecido. El pelirrojo había pensado que le gustaría cambiar de vez en cuando, no llevar el mismo, y al parecer a Ytzria le agradó la idea, pues se lanzó de igual modo sobre George.

Molly, como casi siempre, le había regalado una prenda hecha a mano. Esta vez le había hecho un bonito chaleco de lana, de color blanco roto, con su inicial bordada en lana de un clarito color miel, al igual que los bordes, rematados del mismo color.

Y por fin llegó el momento de abrir el de Fred. El paquete no había dejado de emitir extraños sonidos. Incluso Ytz habría jurado que hasta se había movido en un par de ocasiones. Con el mismo cuidado de siempre, alargó las manos hacia el paquete y lo fue abriendo. Poco a poco comenzó a aparecer una jaula de metal, tan vieja como todas las que había en “El Emporio de la Lechuza”. No podía creérselo. Allí dentro revoloteaba un pichoncito de lechuza parda, tan pequeña como una snitch y con las plumitas completamente erizadas.

-¡Una lechuza!- exclamó Ytz, corriendo a abrir la jaula para poder cogerla.

-¡Ten cuidado! Es un poco travieso y se escapa. Verás como…- pero no le dio tiempo a continuar. Para su sorpresa, el pichón se había dejado coger sin problemas con la rubia, que se lo acercaba hacia ella, acariciándole las plumas con un dedito.

-¡Pero qué bonito es!- lo abrazó con cuidado, cabeceando mimosa mientras el pichoncito picoteaba con cuidado su mejilla, como si quisiera darle besos.

-¡Ostras! Si al final será manso y todo- Fred alargó un dedo para acariciar la cabeza de la lechuza, pero para su sorpresa ésta respondió picándole en el dedo -¡Será..!

-¡Le llamaré Panchito!- exclamó la muchacha, entre risas, alzando con cuidado a la lechuza, que ululó alegremente, tan bajito que a penas pudieron escucharle. Le dejó sobre la mesa y corrió a abrazar a Fred, hundiendo la cabeza en su pecho, aspirando su aroma. Si no estuviera con Angelina… -Muchas gracias, Fred. Me ha encantado.

-No hay de qué, princesa. Sabe que por ti…- pero nuevamente no pudo terminar. La lechuza se había lanzado a picotearle para que soltara a su dueña. Le tiraba del pelo maliciosamente y le picaba la cabeza, lo que hizo que Fred tuviera que soltar a su amiga -¡Eh! ¡Lechuzo, paraaa!- La escena era de lo más cómica. Fred intentaba zafarse del pichón, que se había cebado con su pelo y su cabeza, correteando de un lado para otro mientras Divi y George reían sin parar, ambos sentados sobre una mesa.

-¡Le gusta Fred también!- exclamó Ytzria, sonriendo y dando pequeñas palmitas. Era la primera vez en casi tres meses que los amigos reían nuevamente juntos; la primera vez que aquella pena que invadía los corazones de las dos amigas había desaparecido por unos instantes. Y tanto para Fred como para George aquello era mucho más importante que los estudios y que el futuro. Los dos estaban de acuerdo en que siempre harían lo posible por ver sus sonrisas y escuchar sus risas una vez más.

Desde ese día, el grupo creció nuevamente. Ahora se había unido a él un nuevo miembro. Quizá Panchito no era precisamente un amigo, sin embargo Ytzria no lo dejaba solo y se lo llevaba a todas partes para tormento, evidentemente, del pobre Fred. Al parecer, se había ganado un plumífero enemigo que le daría más de un dolor de cabeza.

3 comentarios:

pallas_atenea dijo...

Hola peke,
mu monoso el capítulo. Lo leí hace unos días, pero se me fue de la cabeza dejarte un mensajito.

Cuidate mucho. Y dale duro a ese cosplay, XD.
Un besote.

La Tata dijo...

Y para cuando la siguiente actualización... XD

Que algun@s esperando pacientemente las siguientes hazañas de nuestra brujita favorita...

¡Besines cielo!

José María de la Torre (Bastonivo) dijo...

Hola. Menudo desconsiderado que soy ^^U. No he podido contestarte antes por una falta enorme de tiempo.

Primero, muchísimas gracias por tu comentario en mi blog. Es un proyecto que llevo haciendo desde hace tres o cuatro años, y aunque muy poca gente me lo ha visto, y comentarios como el tuyo me animan un montón.

No he podido leerte todo. Solo la primera entrada de esta bitácora. Además tienes tres blogs. He empezado por este porque me atrajo más. Y me gusta tu forma de escribir.

En la forma, sin faltas ortográficas. Con los sintagmas bien escogidas. Y muy fácil de leer.

En el modo, me gusta tu estilo de centrarte en los personajes, tan natural. En lo que leí, lo que más me gustó fue la naturalidad del personaje que narraba. Me gustó mucho.

Una novela es un proyecto difícil, ciertamente. Yo no me esperaba que lo fuera tanto. Pero ahí llevo tres años, y con solo 100.000 palabras escritas y el material que viste en mi blog.

Siemplemente hay que vencer la pereza ^^UU cosa que servidor no hace muy bien.

Pero yo te veo a ti mucho escrito. Tienes madera de escritora.

En serio, muchísimas gracias. Yo también enlazaré este blog al mío e intentaré terminar de leerte. Me hizo mucha ilusión tu comentario, sobretodo por venir de alguien desconocido para mí.

Un saludo ^^.